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Sueños de palabras...

Dejar volar mi imaginación, sentir cómo mis pensamientos se deslizan suavemente entre las olas de mi mente, ese mar embravecido de sentimientos que por más que intento no consigo acallar. Abrazando la almohada empapada una vez más, tratando de comprender lo incomprensible.
Y entonces me levanto, tomo lápiz y papel y dejo brotar las palabras como si de viejas amigas se trataran, deslizándose entre mis dedos para escurrirse hasta la punta del lápiz y estrellarse en el papel.
Conforme la nívea superficie se cubre de ondulaciones por las palabras impresas en ella, mi mente se va despejando, como si todas las sensaciones se escabulleran juguetonas hasta el baúl donde guardo mis más profundos temores, mis más pesadas cargas, esas tristezas que de vez en cuando vuelven a flotar y arrugan el camino impidiéndome avanzar. Termino ya, cierro el baúl con llave y tomo la máscara que está junto a la puerta, cubriendo así un rostro triste, cansado, con una sonrisa que quizás algún día no necesite gomas para sostenerse sobre mi cara. Y así salgo a la calle, día tras día, fingiendo una felicidad artificial.
Pero es solo cuando llego a casa, cuando me veo sola de nuevo, que miro el papel en blanco y le sonrío. Palabras... cuántas veces me habréis ayudado a ahogar los ensordecedores gritos de mi corazón, cuántas lágrimas habréis secado de mis mejillas, cuántas dulces historias me habréis contado...
Finalmente, dejo la máscara colgada en la pared, camino hacia la puerta y la abro. Esa puerta a la que precede una escalera multicolor... Esa puerta que conduce a otro mundo... a mi mundo.... Un lugar que nadie más conoce, donde la palabra imposible no existe, donde puedo sonreír sin necesidad de fingir...
No importa dónde esté, no importa cuán fuerte sea la tormenta que me rodea o cómo de resacoso esté el mar.... Mientras pueda seguir abriendo esa puerta, mientras pueda disfrutar de la libertad que solo los sueños me proporcionan, seguiré levantándome cada mañana y gritaré a la vida que no me importa cuántas más veces me haga tropezar, volveré a levantarme, volveré a colocarme la máscara y tal vez algún día, ya no la necesite más.... Porque los sueños si no se lucha por ellos siempre serán eso, solo sueños, y yo no pienso rendirme hasta verlos hechos realidad.
Y así, mediante estas líneas, os invito también a vosotros a que cerréis vuestro baúl de la amargura y comencéis a cimentar vuestros sueños para que algún día podáis sentaros y contemplar el gran edificio que habéis construido.

Irene, 2011.

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