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Entradas

La torre del dragón

El corazón le golpeaba con fuerza en el pecho, casi al mismo ritmo al que los cascos de su caballo levantaban la polvareda del camino. A lo lejos podía ver su destino: Una antiquísima torre, construida con grotescos sillares de piedra que con el tiempo se habían convertido en el asidero de toda clase de plantas trepadoras. Llevaba toda su vida preparándose para aquel momento. Había entrenado hasta sangrar, había estudiado hasta caer rendido sobre las pilas de libros. Estaba convencido de que, al fin, sus esfuerzos se verían recompensados: Él era el elegido. Mientras la torre se agrandaba frente a él, podía oír en su cabeza los vítores que le dedicaría la gente del pueblo cuando regresara victorioso. Porque iba a regresar, de eso no le cabía duda alguna. Allí donde tantos otros habían fracasado, él hallaría la gloria. Al fin, llegó al pie de la fortaleza. Por su tamaño bien podría albergar un castillo entero en el interior de aquella única torre. Repasó mentalmente todo cuanto sabía, si…
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Engranajes (Microcuento)

Era una chica peculiar, como cualquier persona. Sonreía cuando se cruzaba con un gato negro, pasaba siempre por debajo de las escaleras y se aseguraba de romper un espejo al menos una vez cada siete años. Nunca jugaba ni apostaba en nada que dependiera del más puro azar. Aquella chica no creía en una suerte o en un destino determinados. A fin de cuentas, ¿quién era nadie para dirigir el rumbo de su vida? Ella hacía su propio camino, piedra a piedra, y construía su propio destino, letra a letra. Y todo comenzó como comienzan las grandes historias, con una simple frase en un libro: “solo podemos elegir qué hacer con el tiempo que se nos ha dado.” Esas palabras se acomodaron en lo más profundo de su ser y la acompañaron toda la vida, recordándole que no podía ser el motor que moviera todo el mundo, pero sí podía ser el que moviera el suyo propio, que era uno de sus engranajes. Tenía la capacidad de lograr todo aquello que se propusiera, porque tenía una inquebrantable fe en sí misma. Quizá…

Terapia (microcuento)

Todas aquellas emociones la estaban ahogando. Construyó un cuaderno y escribió en él todas aquellas sensaciones, día tras día, incansablemente, y estas fluían a través de su pluma hasta quedar encarceladas en el papel. Cada vez que se sentía insuficiente, cada vez que creía notar cómo una mano invisible le oprimía el corazón. Cada duda, cada miedo. Lo dejaba salir todo, completamente desnuda ante la hoja en blanco.  Conforme escribía, sentía que se liberaba, que el peso del mundo liberaba sus hombros, sus pulmones se henchían y que,e n algún lejano, una estrella volvía a sonreírle. 
Irene, 2018.

Las entrañas de la tierra

El hombre se detuvo al pie de la carretera, con la maleta en una mano y la mirada perdida en sus recuerdos. Sus ojos estaban enmarcados por unas profundas ojeras. Había sido un viaje precipitado y apenas había podido dormir en el autobús. En realidad, hacía mucho tiempo que no descansaba bien. Despertaba en mitad de la noche, presa de una furia desconocida, que lo empujaba a abandonar la calidez de su cama porque incluso eso le resultaba insoportable. Se paseaba de un lado a otro de la habitación, tratando en vano de sosegarse. Sin embargo, sabía muy bien que no podría conseguirlo a menos que volviera allí, aunque nunca llegaba a decidirse. De hecho, los numerosos psicólogos que había consultado habían tratado de disuadirlo de realizar aquel viaje. Había sido en uno de aquellos arrebatos nocturnos cuando ya no había podido soportarlo más, había lanzado una muda a la maleta y había tomado el primer autobús que había salido hacia el pueblo de sus abuelos. Pese al paso de los años no par…

El valle del miedo

¡Hola!  Llevaba ya un tiempo proponiéndome escribir un relato de terror por estas fechas. Pretendía subirlo el mismo día 31, pero entre unas cosas y otras me fue imposible. En cualquier caso, aquí lo tenéis por fin, aunque sea algo tarde.  Espero que disfrutéis al leerlo tanto o más que yo al escribirlo.  Un abrazo,  Irene 


EL VALLE DEL MIEDO
Tras las montañas de Escocia se halla oculto un pueblo cuyo nombre no se pronuncia. Está mal comunicado con el exterior y su población es escasa, pero no es esto lo que infunde tanto temor, sino la leyenda que se cierne sobre él como la niebla que siempre lo cubre; la misma historia que Noah Moore, periodista en ciernes, se disponía a registrar y cuya veracidad planeaba someter a su escéptico juicio. No se le escapaba que el verdadero motivo por el que su jefe le había autorizado a hacer aquel viaje había sido librarse de él, pero albergaba la esperanza de que aquel artículo le valiera al fin la columna que tanto ansiaba, incluso aunque esta resultara …

El genio dormido

Este es un relato que escribí para el reto Citaura del blog InkTies (https://inkties.wordpress.com/category/retocitaura/), una propuesta que me resultó muy interesante, enriquecedora y, sobre todo, ¡divertida!  Este es el primero de tres relatos que escribí para dicho reto, los dos restantes los iré subiendo las próximas semanas. Por el momento, espero que disfrutéis al leerlo tanto o más que yo al escribirlo 😄. Un abrazo, Irene
P.D: La cita que lo inspiró es la siguiente:

La escritura es un acto de autohipnosis.
(Las cuatro después de medianoche, S.King)  ________________________________________________________________________

EL GENIO DORMIDO



“La escritura es un acto de autohipnósis.” Por esa razón, tras meses de frustrados intentos de componer una novela, Roger decidió hipnotizarse a sí mismo. Probó a hacerlo durante una hora, y el experimento tuvo tanto éxito que a esta le siguieron muchas más, hasta que la autohipnósis terminó por convertirse en un acto inevitable. Pasaron los mes…

Quiero

Quiero que me vistas de amaneceres y de desayunos en la cama, de palabras sinceras y verdades abrasadoras. Que me arropes con tus brazos y me digas que todo saldrá bien; que aunque este mundo se hunda, nosotros no hemos olvidado cómo alzar el vuelo.

Quiero que sepas que si el día es frío, yo seré tu fuego; y en los días oscuros un faro te encenderé con la estrella que una vez robamos al cielo. 

Irene, 2017.