viernes, 13 de febrero de 2015

El beso del dragón

¡Hola! Hacía mucho que no escribía un preámbulo antes de un relato, y creo que ya iba siendo hora. Esta historia está basada en un cuentecillo que escribí allá por el año 2006 y encontré en el otro día en el baúl de los recuerdos. Decidí reescribirlo y he aquí el resultado, espero que disfrutéis tanto al leerlo como yo al escribirlo. ¡Un saludo!
Irene.

Érase una vez, hace mucho, mucho tiempo, un pueblecito situado en la falda de una hercúlea montaña. Se había originado a raíz de un grupo itinerante de mercaderes que, cansado de dar tumbos, había encontrado en aquel rincón del mundo el lugar perfecto para establecer su hogar. Sin embargo, una vez al año continuaban haciendo una ruta por las localidades vecinas, aprovechando para abastecerse y de este modo poder afrontar el crudo invierno en las montañas.
Sucedió que durante una de aquellas largas ausencias de los más hábiles del pueblo despertó en la montaña un mal desconocido hasta el momento por los alegres y despreocupados habitantes. Un imponente dragón, cuyas escamas rojas parecían chispear como fuego a la luz del sol, emergió de las profundidades de la tierra y atacó a sus reses. La batalla que libraron quienes habían quedado guardando el hogar sería recordada como una de las más épicas de la Historia. Mas quiso la cruel ventura que el cadáver del gigantesco reptil fuera a derribar en su caída el único paso entre el pueblo y el resto de las localidades, dejando un oscuro abismo cuyo fondo no alcanzaba la vista.
Dado el inminente regreso de los mercaderes, los habitantes tuvieron que actuar deprisa y construyeron un puente con los materiales de que disponían. Como era de esperar, cuando regresaron de la ruta mercantil se extrañaron al ver el puente aposentado sobre aquel vacío abismal, lo que dio lugar al relato de los hechos por parte de los victoriosos habitantes. Comenzó de esta forma una batida por la montaña para asegurar que no hubiera más dragones.
Uno de los habitantes, conocido por ser tan bondadoso como valiente, encontró la gruta por la que había salido el dragón y se adentró en su interior. No hubiera podido decir cuánto tiempo estuvo caminando hasta que llegó a una abrupta cueva, donde halló un nido en el que dormitaban dos magníficas criaturas como la que le habían descrito. Alzó su lanza dispuesto a acabar con sus vidas, pero entonces una de ellas abrió los ojos y lo miró fijamente, haciéndole comprender que no eran más que unos bebés. Sus ojos se anegaron de lágrimas y ya no fue capaz de matarlos. Ocultó sus huellas, declaró no haber encontrado nada y desde ese momento cuidó y protegió a los pequeños en secreto como si fueran sus propios hijos.
Pasaron los años y el suceso quedó relegado a la leyenda, una mera anécdota con la que los mercaderes atraían la atención de los posibles clientes. Aunque en un primer momento se había propuesto una reconstrucción del puente con materiales más fiables, en vista de que éste resistía el paso del tiempo los habitantes prefirieron centrarse en el arreglo de los desperfectos que el ataque del dragón había ocasionado en el pueblo. La vida para ellos era tranquila y apacible, nadie habría podido prever los acontecimientos de aquel fatídico día.

Como era ya tradicional, se organizó una gran fiesta para despedir a quienes un año más se disponían a hacer la ruta mercantil. Debido al jolgorio que reinaba en el pueblo, nadie se percató de los inquietantes crujidos provenientes del ya viejo puente. Cuando la caravana de mercaderes cruzó despreocupadamente, las maderas que lo componían se desgajaron, precipitándolos al vacío ante los gritos de horror y desesperación de sus congéneres.
Todo ocurrió en un lapso temporal demasiado breve para poder ser captado por el ojo humano. Los mercaderes cerraron los ojos, esperando el momento en el que las alas de la muerte los abrazaran, sin embargo, nunca llegaron a sentir su gélido aliento. Los dragones, sintiendo en peligro al hombre al que debían la vida y que con tanto amor se había encargado de ellos, acudieron raudos en su rescate, juntando sus hocicos de tal manera que sus cuerpos no sólo salvaron la caravana al completo, sino que también hicieron las veces de puente, permitiendo cruzar a los desconcertados mercaderes al otro lado y continuar su viaje. El hombre que había sido como su padre durante todos aquellos años se despidió de ellos con lágrimas en los ojos, profundamente conmovido por su acción. Los habitantes del pueblo prometieron cuidar de ellos hasta su regreso, y con esta tranquilidad el hombre se unió a la caravana y partió.
No obstante, por mucho que lo intentaron, no consiguieron que los dragones retornaran a su nido. En los meses siguientes, tampoco quisieron probar bocado, aguardando pacientemente el regreso de aquel al que consideraban su padre sin moverse un ápice, manteniendo el paso abierto. Cuando los mercaderes volvieron, se encontraron con que los dragones se habían quedado petrificados en aquella posición, confeccionando un característico puente de piedra que bautizaron El Beso del Dragón. No hubo un solo habitante que no llorara la muerte de los dragones. Su sacrificio había salvado la vida de muchos, y eso fue algo por lo que siempre se sintieron agradecidos.

Incluso las generaciones mucho más posteriores conservaron un cariño especial por aquel puente, que a día de hoy aún continúa allí, como testigo inmortal de un tiempo ya olvidado. 

Irene, 2006.

2 comentarios:

  1. ¡Hola! Me he pasado a leerlo porque habías puesto un anuncio en twitter y la verdad para haberlo escrito con...¿cuántos? ¿11 años? Y leí también otro relato que dijiste que lo habías escrito con seis, yo no llegaba a tanto... Lo tuyo es tener madera de escritora, sí señora.
    Este relato en particular lo has narrado como con el estilo de los cuentos medievales. Es una época en la que se infla la imaginación con las leyendas y los héroes. Me ha emocionado lo que pasó con los dos dragones, y que la gente los repudiara para después agradecérselo todo. Ha sido muy bonito :)

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  2. ¡Me alegra que te haya gustado! La verdad es que escribir ha sido mi ilusión desde pequeña, siempre me ha gustado contar historias y, poco a poco, he intentado ir mejorando mi estilo.
    ¡Muchas gracias por tu comentario! :3

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